Vicente Pérez, mucho más que un piloto de recambio

Tiene 26 años y es, junto a Tatsuki Suzuki, el piloto más veterano de la parrilla de Moto3. Vicente Pérez acumula ya 28 participaciones en el Mundial, prácticamente como piloto invitado o como sustituto, posición que ejerce en las dos primeras pruebas de 2024, Qatar y Portugal, a la espera de que Xabi Zurutuza alcance la edad mínima exigida -18 años- para debutar en el campeonato con el Team Ajo. Y así, llegando casi de rebote a Lusail, sin haber rodado en la nueva KTM y sin el ritmo de competición de sus rivales, llegó a plantarse a las puertas del podio, hasta que la caída de Adrián Fernández le llevó al suelo también a él. Seguramente muchos aficionados –y más de un periodista- se preguntaba quién era Vicente Pérez cuando le vio asomarse a la parte delantera del pelotón de Moto3 en Qatar. Estar enrolado en el poderoso Team Ajo es una excelente tarjeta de presentación, pero Ajo está acostumbrado a poner en pista a los jóvenes talentos que llegan desde la Red Bull Rookies Cup, y de repente tenía a un veterano de 26 años haciéndolo mejor que la mayoría de las estrellas emergentes de Moto3. Cuando naces en Cullera, como Vicente, ya estás genéticamente predispuesto para dedicarte a las motos. La ecuación Valencia y motos da como resultado Aspar, pero curiosamente Vicente nunca ha estado en la órbita del equipo del alcireño. “Nunca terminé de cuadrar con ellos. No es que tenga una mala relación ni nada así, pero nunca encajé con ellos”. Pérez (22) animó el grupo delantero en Lusail. El caso de Vicente Pérez es de lo más peculiar, porque fue uno de aquellos jóvenes talentos surgidos de la Cuna de Campeones que no tardaron en destacar en el FIM CEV –cuarto en 2017 por detrás de Dennis Foggia, Jaume Masiá y Alonso López, y por delante de Jeremy Alcoba-, pero sin saber muy bien por qué, nunca ha tenido la oportunidad de dar el salto al Mundial de Moto3 como hicieron ellos. “Dicen que la suerte no existe –nos dice Vicente- pero en mi carrera siempre me ha faltado un poco de suerte. Después del 2017, que era el año en el que yo tenía que haber subido al Mundial, subieron cuatro de los cinco primeros del FIM CEV, menos yo que fui cuarto. Me quedé sin moto cuando ese año merecía subir al Mundial ya sólo por los resultados que tuve: gané carreras, hice podios, estaba bien… Y no subí pues, no sé… Faltó suerte, diría yo…”. Vicente quedó atrapado en el juego de las plazas comerciales del campeonato. En esos momentos estaba encuadrado en el equipo Avintia, pero los compromisos del campeonato impusieron que se mantuviera a Livio Loi en el Mundial, muy discutido dentro de su propia formación, y Avintia se quedó sin sitio y Vicente Pérez a pie, con la miel en los labios. Pero la salida de Loi a mitad del campeonato propició la llegada de Avintia y la entrada de Vicente, que demostró su capacidad: hizo nueve carreras, y puntuó en cinco de ellas, con una sexta posición en Tailandia como mejor resultado. Notable, sin duda. Eso le permitió hacerse un hueco en el Mundial de Moto3 en 2019. Pero… “En 2019 hubo un cambio en la estructura interna del equipo y yo, no sé por qué, no me encontré con la moto”, reconoce Vicente. “El equipo no era malo, simplemente empecé a tener resultados mediocres, y entonces el equipo entró en quiebra y tuvieron que coger a un piloto que pagaba para poder continuar, y en Barcelona me bajaron de la moto”. Vicente Pérez en su época con el equipo Avintia. Desde entonces ha arrastrado esa suerte que le ha faltado para hacerse un hueco en Moto3: “En 2020 iba a hacer el FIM CEV con TM, vino la pandemia, se les cayó el patrocinador en febrero y me ofrecieron hacer el campeonato italiano. Yo me quedé… ¿Qué…? Al final lo acepté porque en el mes de febrero, ¿qué encuentras? Todo es pagando 200.000, una pasta que yo no tengo. Y además no soy partidario de pagar para correr, porque al final yo tengo que vivir de esto. Fui subcampeón del campeonato italiano”. Después siguió adelante sin conseguir regresar a Moto3, probando suerte en otras categorías pero sin acierto y con pocas perspectivas de futuro: “En 2021 me ofrecieron SSP300, y lo acepté pero la moto no era buena, faltaba material, los resultados fueron malos, y en 2022 dejé de correr en moto”. Parecía que la carrera deportiva de Vicente había llegado a su fin, al menos en España. Aquí, por lo que se ve, se habían olvidado de él. Pero su buen hacer en el campeonato italiano había dejado huella. “Me llamaron de Fanton, para desarrollar una Moto3 para el campeonato italiano, hice tres carreras, y a final de año me llamó un equipo puntero del CIV, gané las carreras con facilidad. Y para 2023 me ofrecieron un equipo en el CIV para ganar. Gané todas las carreras que hice menos una, que me caí yendo primero en agua, y a mitad de año me salió la sustitución de Ana Carrasco en Mugello, y la acepté, estuvo bien, y a partir de ahí el BOE me propuso que fuera su piloto sustituto si se producía alguna lesión. Y Ana se lesionó, y me sabe mal porque a un piloto no le gusta que nadie se lesione, encima fuerte, como fue su lesión, y tuve la oportunidad de hacer las últimas cinco carreras del año pasado”. Con BOE hizo quinto en el GP de Qatar de 2023. Vicente mostró una evidente progresión, que se materializó en un brillante quinto puesto en Qatar, mostrando talento de sobra. Sus resultados confirmaban su capacidad, y firmó un precontrato con Finetwork para entrar con ellos en el Mundial de Moto3 2024, con Riccardo Rossi de compañero. Pero… De nuevos los intereses cruzados le bloquearon el paso. Finetwork iba a hacerse con la plaza del equipo Pruestl, que sorprendentemente anunció su marcha del campeonato en noviembre, cuando CFMoto le comunicó que buscaba una estructura más potente. Y entre tanto, Dorna aprovechó la retirada de Pruestl para recudir dos plazas de la parrilla de Moto3. Así que, una vez más, Vicente se quedó a pie. “Me quedé sin correr después de tener un buen contrato firmado. Estaba supertranquilo, pensaba que ya no iba a hacer nada y me salió lo de Ajo”, explica Vicente, que apenas tuvo oportunidad de dar unas vueltas en Portimao, durante las pruebas de pretemporada, para conocer la moto. Y el resto de la historia es lo que todos pudimos ver. De momento, Vicente Pérez no tiene nada sobre la mesa. “Hay que aprovechar las oportunidades –dice-. Si no me llego a caer, en Qatar hago podio, y si no me la juego hasta la última curva por victoria”, comenta con absoluto convencimiento. No es ninguna fanfarronada: si se miran sus registros, tenía posibilidades de intentarlo. “Veré qué pasa, porque estoy un poco desesperado, y creo que he demostrado bastante que puedo estar ahí, pero parece ser que no quieren a gente mayor en Moto3. Y sí, soy mayor que los demás, pero lo que cuenta es el gas que des. Si estás delante, ¿qué más da que tengas 26 que 33? Da igual la edad”, se lamenta Vicente. De momento se centra en su trabajo diario y deja las negociaciones sobre su futuro en manos de su manager. Vicente ahora trabaja con dos jóvenes pilotos italianos, Dodo Boggio y Giulio Pugliese, que van a correr en el JuniorGP (Boggio) y la ETC (Pugliese), a los que entrena y ayuda a trabajar, junto al reconocido preparador físico Rafa Olcina. “Como van rápido en moto, me ayudan a mí a progresar”, dice Vicente de sus pupilos. No se ha planteado correr en otro campeonato porque le supone pagar por una plaza. “Me queda esta última oportunidad con Ajo, demostrar que puedo estar en el Mundial, que creo que está más que demostrado, pero bueno, a ver si algún equipo se interesa…”, admite no sin resignación. Podría correr en el CIV pero no mejoro como piloto porque no hay nadie que me apriete Vicente es más conocido en Italia que en España. Su buena labor en el CIV le permitiría estar corriendo allí, no le faltan ofertas: “Si quisiera estar corriendo en Italia lo podría hacer, corriendo gratis, sin que me cueste, pero no gano dinero, no me puedo ganar la vida. Entonces… Ir a Italia y ganar con una mano, que es lo que hacía… Me deprime: no mejoro como piloto porque no hay nadie que me apriete, no como en el Mundial, que en cada sesión vas al límite”. La experiencia de estos años de Vicente le convierte en un testigo excepcional de la evolución que ha experimentado Moto3 con el paso de los años. ¿Ha cambiado mucho la categoría?, le pregunto: “La manera de gestionar la carrera siempre es la misma, se forma un grupo delante y te la juegas en la última vuelta, pero sí es cierto que la velocidad de ahora no la había antes, cada vez se rueda más rápido, desde el FP1. No es que el tiempo por vuelta sea mucho más rápido, que también, sino la manera de llegar al tiempo. Ahora las cosas las tienen muy claras”. Como periodista, cuando te encuentras con una historia como la de Vicente Pérez, es inevitable relativizar todo. ¿Le estamos dando importancia a lo verdaderamente importante? Que un piloto ya veterano, con pocos kilómetros encima en los últimos años, casi desconectado de la competición y sin haber realizado apenas entrenamientos de pretemporada –dio sólo quince vueltas en condiciones de semiseco en Portimao- sea capaz de coger el ritmo de cabeza en la primera carrera, sin inmutarse, junto a las grandes promesas del Mundial, ¿no merece más atención de la que se le presta? Esto hace que te replantees absolutamente todo sobre la competición actual. Ahora que en MotoGP se alza la voz para decir que no es necesario que las motos sean cada vez más y más potentes, ¿tiene sentido limitar la edad de los pilotos en Moto3? Desde hace más de dos décadas el campeonato se ha infantilizado en busca de una innecesaria precocidad. Nos deslumbra el talento adolescente, lógicamente, pero no todo el mundo rinde al mismo nivel a los 16 años, ni tiene las mismas oportunidades, ni consigue encauzar su carrera desde temprana edad. Cada uno tiene su proceso, su, digamos, momento de maduración, que depende de muchos detalles. Y Vicente está en su mejor momento.

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