Los viacrucis de Maverick Viñales y Aprilia

Entre las múltiples procesiones que se celebran a lo largo de toda la geografía española durante la semana santa, hay unas cuantas dedicada al ‘vía crucis’, que suele realizarse el viernes para recordar el camino de Jesús de Nazaret al calvario de su crucifixión. Un término procedente del latín (donde significa literalmente “camino de la cruz”) que, como ha sucedido con tantísimas expresiones provenientes del catolicismo, ha ido adquiriendo otros significados connotativos que ya forman parte del imaginario colectivo. En el caso de la palabra ‘viacrucis’ -que suele presentarse unida cuando adquiere un sentido más laico-, se pueden destacar dos, ambos sinónimos de la palabra ‘calvario’: a) Situación de sufrimiento intenso y prolongado. b) Recorrido de cruces que señalan un camino o una ruta. En la confluencia de ambos se encuentran Maverick Viñales y Aprilia en MotoGP. Concretamente desde el verano de 2021, cuando decidieron cruzar sus caminos y empezar a andar de la mano con un rumbo claro: el título de MotoGP. En su momento fue, seguramente, la unión más fácil de la historia de MotoGP. Viñales se había quedado en paro después de que su relación con Yamaha saltase por los aires; y Aprilia necesitaba un piloto ilusionante tras la sanción a Andrea Iannone, que había dejado al probador Lorenzo Savadori como titular. Maverick Viñales, test Misano MotoGP 2021 Fue una unión fácil porque ambas partes venían de transitar un camino lleno de cruces, que en muchos casos señalaban una preocupante falta de fiabilidad, una condición sine qua non para asaltar el reino de los cielos de MotoGP. Para Viñales, lejos quedaba ya aquel inicio de 2017 en el que ganó sus dos primeras carreras con Yamaha después de haber deslumbrado el curso anterior con Suzuki. Desde junio de 2017 hasta su última carrera con la M1 agosto de 2021, apenas sumó cinco victorias y 20 podios en 73 carreras. Para colmo, en el año de su adiós, su entonces compañero Fabio Quartararo acabaría devolviendo el título de MotoGP a las vitrinas de la firma de Iwata. Por su parte, Aprilia llegó a MotoGP a la vez que Suzuki y tardó muchísimo más en alcanzar los puestos de cabeza, llegando a verse adelantada por KTM. Empezaron con una moto más parecida a una Superbike que a un prototipo y fueron dando pequeños pasos, cambiando mucho de pilotos hasta encontrar en Aleix Espargaró a su ‘Capitano’. Sin embargo, los compañeros del catalán no estuvieron a la altura, y eso lastraba la progresión de la RS-GP. Dos años y medio después de su unión con la firma italiana y casi tres años más tarde de su última victoria con Yamaha en Qatar, Maverick Viñales volvía a abrir las puertas del paraíso al hacerse con la victoria en el Sprint del Gran Premio de Portugal a lomos de la Aprilia RS-GP. Maverick Viñales y su equipo festejan la victoria en el Sprint de Portimao En dos años y medio había logrado subir hasta seis veces al podio en carrera larga y uno al sprint; había tenido que ver cómo Aleix Espargaró ganaba tres carreras y un sprint con su misma moto. Esta vez, por fin, era el de Rosas el que cruzaba la línea de meta antes que nadie con el prototipo de los de Noale. La sensación era la de que algo había cambiado de una vez por todas. Que Viñales ha llegado a una madurez que seguramente le faltó en Yamaha -sobre todo a la hora de canalizar la frustración- y que Aprilia por fin estaba preparada para soñar con cotas mayores que alguna victoria suelta. Dicho sin ambages: que el indiscutible talento innato de Maverick Viñales podía encargarse de marcar la diferencia y llevar a la Aprilia RS-GP a destronar a las Ducati. Sin embargo, la ilusión no duró ni 24 horas: las que pasaron hasta que, en la carrera del domingo, se pudo ver cómo la RS-GP perdía potencia en la recta de Portimao hasta acabar escupiendo por orejas al gerundense después de la curva uno. Había fallado el cambio. O sea que, paradójicamente, nada había cambiado. Una vez más, volvían a transitar por el calvario de la fiabilidad, su gran cruz. Maverick Viñales se escapa de Marc Márquez y Jorge Martín para ganar el Sprint en Portimao Durante años, Viñales alternó algunos fines de semana en los que se mostraba prácticamente inabordable sobre la Yamaha YZR-M1 con muchos otros en los que desaparecía por completo y ni se asomaba a las postrimerías del podio. Al mismo tiempo, el prototipo de Noale iba recortando la desventaja con los mejores hasta rivalizar con KTM por intentar ser la némesis de Ducati, pero con demasiada frecuencia dejaba tirados a sus pilotos, un problema qu4e la versión 2024 no parece haber corregido. El viacrucis que recorrieron durante años por separado… y que ahora transitan juntos. Como en el ‘Jardín de las delicias’, Portimao llevó a Viñales del cielo, con la victoria en el sprint, al infierno, con la caída en carrera; después de media hora de purgatorio en la que el cambio de su moto fue fallando paulatinamente hasta tirar por tierra todas sus esperanzas. Una cruz más en un camino de sufrimiento intenso y prolongado. Un viacrucis que tendrá sentido si el final del camino es conquistar el cielo de MotoGP.

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